Friday, June 20, 2008

II


De camino a su casa sobre la rutilante van azul, escucha un programa de folclore, el doctor es adepto al jazz y a la bosa, no tanto al tango y menos aun al folclore, pero esta voz aguda de mujer interpreta con gran gusto primero una zamba, luego un chamamé, después un estilo. El doctor dentro de su hermética van se emociona y estudia esa emoción ¿es la misma que la que podría haberle dado un tango? ¿la misma que un cuarteto de cuerdas de Schubert?, ¿Es igual la emoción del que escucha una cumbia que la del que escucha una área de Aida, un bolero de Manzanero cantado por Río Lobos que una pieza de Biork? "La emoción es única" se dice y ahí vuelve a su cabeza la dama distinguida, la aun bella somelier, la independiente, cartesiana y liberal dueña de la wineri, y piensa en el alma (o eso que tiene que ver con traspaso de fluidos de glándulas que termina siendo una turbación psiquica). Piensa en el alma como una especie de lengua milagrosa cuyas papilas gustativas (teclas del espíritu) tienen la capacidad de captar una a una la gama infinita de sabores.

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