PALABRAS

Derqui escribe en la computadora portátil mientras hace esperar a una mujer desnuda en la pieza contigua y a una larga fila de ansiosas clientas en los pasillos. Con el tiempo el doctor ha aprendido que, como las vacas en el corral, mientras mas de ellas se acumulen mejor le va. Como en la del animal en el brete, la mente de la paciente en la salita de espera, elabora un equivoco silogismo muy redituable para el bolsillo tanto del criador como del ginecólogo. (“criador” , “ginecólogo” ,se asombra el doctor de la cercanía semántica de dos palabras cuyos referentes son tan lejanos).
A las mujeres Derqui no las hace esperar en vano sino que está intentando pasar en blanco, es decir, dar forma gramatical a un pensamiento, una sensación que le ha dejado la paciente que se ha marchado acerca de las cavilaciones sobre el nombre de su bebé. Mientras lo hace el corrector ortográfico del Windows le va marcando errores. Pese a su formación académica Derqui es un hombre de colosales errores. En este caso en que el texto se ha vuelto un tanto escatológico el doctor ve sobreiluminadas palabras como sorete, chupada, mierda . ¿Como es? – piensa el doctor -¿Sorete o zorete?. Coloca el cursor y aparecen las opciones: “sortee”,” sorbete”, “somete”. Es decir, la palabra que vendría a referir a excremento, heces, unidad que ve la luz después de una deposición humana o animal, no existe. Lo mismo le pasa con chupada,(“chupad”, “chupado”, “chapada”) y con “mierda” que es “muerda” y “pierda”. Y con “joda” que es “boda”,” coda”, “jota” y con “puto”, y con “ boludo”, y con “culo” y con” pedo”
Es raro, piensa Derqui, la mala palabra conlleva no solo el sentido, sino que participa del destino del referente, es ocultada, obliterada,- ¿Es que no hay reglas?- se pregunta indignado -. Dárselas sería aceptarlas y, un imposible, someterlas. El diccionario del Windows, como el creyente ortodoxo que se niega a la medicina, pretende no abrir para mirar y curar, pretende ignorar, hacer que no exista y tal vez hace bien.
A las mujeres Derqui no las hace esperar en vano sino que está intentando pasar en blanco, es decir, dar forma gramatical a un pensamiento, una sensación que le ha dejado la paciente que se ha marchado acerca de las cavilaciones sobre el nombre de su bebé. Mientras lo hace el corrector ortográfico del Windows le va marcando errores. Pese a su formación académica Derqui es un hombre de colosales errores. En este caso en que el texto se ha vuelto un tanto escatológico el doctor ve sobreiluminadas palabras como sorete, chupada, mierda . ¿Como es? – piensa el doctor -¿Sorete o zorete?. Coloca el cursor y aparecen las opciones: “sortee”,” sorbete”, “somete”. Es decir, la palabra que vendría a referir a excremento, heces, unidad que ve la luz después de una deposición humana o animal, no existe. Lo mismo le pasa con chupada,(“chupad”, “chupado”, “chapada”) y con “mierda” que es “muerda” y “pierda”. Y con “joda” que es “boda”,” coda”, “jota” y con “puto”, y con “ boludo”, y con “culo” y con” pedo”
Es raro, piensa Derqui, la mala palabra conlleva no solo el sentido, sino que participa del destino del referente, es ocultada, obliterada,- ¿Es que no hay reglas?- se pregunta indignado -. Dárselas sería aceptarlas y, un imposible, someterlas. El diccionario del Windows, como el creyente ortodoxo que se niega a la medicina, pretende no abrir para mirar y curar, pretende ignorar, hacer que no exista y tal vez hace bien.

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