Sunday, April 27, 2008

las tres patas


La mujer de Daniel manoseó a Aníbal, el novio de su hija, la hija de ella. Aníbal, el yerno, a su vez, provee de minas a Daniel, su compañero de trabajo. La hija dice que lo del manoseo de su madre al novio es mentira de su, digamos, dice, padrastro. Daniel dice que Aníbal lo traicionó. Y así.
-¿Sabés lo que pasa?- suena la voz de Daniel en el estudio de televisión– Lo que pasa es que nadie me quiere creer que con la cara que tengo, yo atiendo muchas mujeres por noche, y eso nadie se lo banca. Crea envidia y lleva a la traición.
Llos que hacen de público muestran como una especie de corriente eléctrica que les provocara cierta hilaridad, cierto estado de excitación nerviosa.
La mujer de Daniel y la hija ahora son presa de un ataque de risa. Anibal, un muchacho joven con físico de repartidor de gaseosa, no deja, no puede hacerlo, de usar el monitor como espejo.
-¿Quién te va a dar bola a vos? Gritan a coro las mujeres cuando toman respiro de las carcajadas.
–¿Sabés lo que sos vos? (dice la hija). -Un impotente, un impotente y un cornudo, pero no de Aníbal, no, sos un reverendo cornudo porque mamá te cagó con todo el barrio, pero no con Anibal, vos sacaste lo de Aníbal porque siempre me la quisiste dar a mí y yo, vieja, nunca te di cabida - La hija está parada en el centro de la escena, frente a Daniel, enfatizando cada palabra con un dedo apuntador, pero, pese a todo se la ve bastante tranquila; acaba de hacer detonar la bomba pero no con violencia, ni siquiera con odio, cansada, así parece, de mantener un secreto para no herir a quien la hiere. Le sale bien.
La madre pone cara de sorpresa; quiere levantarse de la silla pero la hija la ataja “-Degenerado, así que te querías voltear a la nena, te mato, sos un degenerado vos...
-¿Cómo es eso de que me engañaste con todo el barrio? Pregunta por su parte Daniel enfurecido con el mismo gesto de querer levantarse de la silla pero sin llegar a hacerlo.
El lanzamiento de la bomba de la chica ha sido perfecto y, como un avión bombardero que da en el blanco, se aleja de la escena para recluirse en su silla consciente de que su parte, al menos por ahora, ha terminado.
Uno y otro siguen por un rato gritándose pero todo termina cuando la mujer se para, se pasa las manos por las caderas y decide salir de ese embrollo aplicando un inteligente ataque al orgullo de Daniel que sigue preguntando por el engaño con todo el barrio.
-Y … no es para tanto … - dice la mamá mientras se hace la linda - No es para tanto ...pero si a una en su casa no le dan bola y una tiene sus atributos… Una ¿qué puede hacer?
Todos en la tribuna gritan y algunos hasta se animan a un chiflido que es de inmediato censurado por Moria, la animadora. .
. Daniel está acorralado, mira a una y a otra mujer con odio, parece que va a levantarse de la silla para ir a pegarles, no le salen las palabras, las busca pero no las encuentra.
-¡Qué guachita ¿eh?!-¡Qué guachita que sos ¿eh?!- Le dice por fin a la hija de su pareja. -Yo no sé porque la defendés tanto a ésta – le dice a su mujer, señalando a la hija – Yo no sé porque la defendés tanto a ésta que te caga todos los machos. Yo mismo no te di más bola a vos – le dice a la hija - porque entre ella y vos, vos ni figurás nena, ni figurás.
-Lo que pasa - explica Daniel - es que ésta (por la hija) me esperaba en bolas todas las noches después que la otra se dormía y como dejé de cruzarme ahora sale con eso de la impotencia. Y el coso este (refiriéndose a Anibal) sabía todo, que yo me sopleteaba a las dos, y cuando se abrió la vacante se anotó primero.
-¿o me lo vas a negar?. ¿Me vas a negar que vos no sabías lo de la mamá y la nena? e primerobacante se anot,piro de las carcajadas.

Aníbal está quieto aunque mueve insistentemente la pierna derecha. Se toma su tiempo para contestar algo, o no sabe qué decir o se ha olvidado lo que iba o debía decir.
- Contá mi amor. Dice la hija de la pareja de Daniel dándole el pie en un tono que suena impostado, fingido.
-Si contá traidor. Dice Daniel. Parece de veras caliente.
La madre, la suegra , la mujer de Daniel, la amante, ahora no dice nada, calla.
Todos esperan, pero Moria, la animadora, impone su generoso escote ante las cámaras y dice.
-Si; Aníbal va a contar pero no ahora. Lo que todos queremos saber lo va a decir después, ahora ... y se despacha con las recomendaciones publicitarias donde promueve unas cápsulas mágicas que lograrán una cita ineludible todas las mañanas con el inodoro, tras lo cual pide, para aquietar los ánimos una tanda.
Al volver de los avisos comerciales, como si los protagonistas de la historia hubieran sido congelados mientras tanto, todo sigue igual.
El bloque se abre con una voz de un locutor “ resumiendo el conflicto de los presentes a modo de telenovela, al terminar le toca a Moria, la conductora, enseñando la juntura de sus grandes senos, dar un consejo publicitario más sobre cómo cuidarse de la extrema exposición solar, después, solo después, le da el pase a Aníbal para que devele su verdad tanto tiempo aplazada por la venta. Es recién en ese momento que, como si hubiera dicho acción, los invitados parecen recobrar vida.
Aníbal primero se pasa la mano por la cara como si buscase las palabras hasta que por fin empieza por cualquier lado.
-La señora – le dice Aníbal a Daniel refiriéndose a su suegra – es una santa.
Ahora es el turno de la explosión de risa, de Daniel y de todos los presentes.
-Y Mariel - es decir la hija, su novia- también
Daniel, que estaba como tirado en la silla se incorpora y lo apunta con un dedo a los gritos - Te avivaste, gil. Traidor, ahora querés ocupar mi lugar. Yo vi como le metías mano a esta o me vas a decir que no… vamos querido.
Aníbal lo mira inexpresivo, como si supiera que con solo levantarse y tomarlo del cuello puede, si quiere, estrangularlo con una sola mano, pero también como si supiera al fin y al cabo que eso no puede, no debe hacerlo.
Ahora todos hablan a la vez, no se entiende nada, lo acusan a Daniel de pata sucia, de ladrón, de cornudo, de impotente..
Al final después de un rato se callan y se escucha la voz de Daniel
-Traidor, contá, traidor. Le está diciendo Daniel a Aníbal
Y Aníbal, a pedido de su compañero, para desmentir lo de la indignante posibilidad de la impotencia de su camarada, cuenta
-El trato era –dice con voz de letrado- que por diez pesos yo cada tanto le traía una amiguita.
-Si, así es - Porque como ya lo había dicho, con esa cara, así como lo veían, tenía la necesidad de atender a más de una mujer por noche y entonces, como la nena estaba ocupada con el nuevo novio, le pedía a “este” que le trajera una amiguita fácil, pero no va que el zorete, para escupirle el asado y levantarse también a la madre, no encuentra mejor idea que contárselo.

Aníbal es inmutable. Las dos mujeres lo defienden. Daniel sigue gritándole barbaridades hasta que de pronto parece que todos se han quedado sin letra y son las dos mujeres las que se levantan a cachetear a Daniel. Pero las detienen o se detienen solas. Al grito de “Basura, no valés la pena, basura”, lo escupen, tal vez, quien sabe, improvisando, y salen de escena.

Todos alrededor se quedan mirando, diríase, asombrados. La cámara se detiene en un primer plano de la cara de Daniel limpiándose con un pañuelo que muy piadosamente le ha alcanzado Moria, la animadora. La animadora, al parecer consternada por una situación que se le ha ido de las manos, ahora adueñándose de la pantalla, llama a la calma y para distender los ánimos caldeados, antes de presentar a los próximos invitados, la travesti Juan con su novio Elsa que intentan casarse pese a la negativa de las leyes y de sus padres allí presentes también ellos, se despacha con la promoción de un nuevo descubrimiento científico, una pomada antiemorroidal de uso externo y de confirmada respuesta inmediata.

FIN

Después de haber apagado la video en la que los sábados por la noche ve grabaciones que en otro tiempo hacía de la tele el doctor Derqui atraviesa la sala de grandes ventanales rumbo al oscuro jardín poblado de arboles seguro de que todas esas personas saben algo de la vida que él no entenderá jamás.

Wednesday, April 02, 2008

PALABRAS


Derqui escribe en la computadora portátil mientras hace esperar a una mujer desnuda en la pieza contigua y a una larga fila de ansiosas clientas en los pasillos. Con el tiempo el doctor ha aprendido que, como las vacas en el corral, mientras mas de ellas se acumulen mejor le va. Como en la del animal en el brete, la mente de la paciente en la salita de espera, elabora un equivoco silogismo muy redituable para el bolsillo tanto del criador como del ginecólogo. (“criador” , “ginecólogo” ,se asombra el doctor de la cercanía semántica de dos palabras cuyos referentes son tan lejanos).
A las mujeres Derqui no las hace esperar en vano sino que está intentando pasar en blanco, es decir, dar forma gramatical a un pensamiento, una sensación que le ha dejado la paciente que se ha marchado acerca de las cavilaciones sobre el nombre de su bebé. Mientras lo hace el corrector ortográfico del Windows le va marcando errores. Pese a su formación académica Derqui es un hombre de colosales errores. En este caso en que el texto se ha vuelto un tanto escatológico el doctor ve sobreiluminadas palabras como sorete, chupada, mierda . ¿Como es? – piensa el doctor -¿Sorete o zorete?. Coloca el cursor y aparecen las opciones: “sortee”,” sorbete”, “somete”. Es decir, la palabra que vendría a referir a excremento, heces, unidad que ve la luz después de una deposición humana o animal, no existe. Lo mismo le pasa con chupada,(“chupad”, “chupado”, “chapada”) y con “mierda” que es “muerda” y “pierda”. Y con “joda” que es “boda”,” coda”, “jota” y con “puto”, y con “ boludo”, y con “culo” y con” pedo”
Es raro, piensa Derqui, la mala palabra conlleva no solo el sentido, sino que participa del destino del referente, es ocultada, obliterada,- ¿Es que no hay reglas?- se pregunta indignado -. Dárselas sería aceptarlas y, un imposible, someterlas. El diccionario del Windows, como el creyente ortodoxo que se niega a la medicina, pretende no abrir para mirar y curar, pretende ignorar, hacer que no exista y tal vez hace bien.